Mojaste tus labios antes de hablarme,
no pude escuchar nada de lo que decías,
sólo pensé en tu saliva humedeciendo cada fibra de tu boca.
Recogiste tu cabello y lo pusiste a un costado,
caía tan suave sobre tu hombro.
Dejaste al descubierto parte de tu clavícula,
la acaricié con mi vista lo más despacio que pude.
Sonreíste, florecieron las margaritas de tus mejillas,
imaginé ser el motivo de tus risas,
imaginé ser el motivo de tu andar.
imaginé que eras eterna,
que eras eterna para mí.
Que sea cierto que odio tu cara,
que sea cierto que odio tu boca,
que sea cierta tu asfixia,
con mi lengua en tu garganta.
Quiero marchitar tus flores,
serán para siempre,
para siempre.
Tendré pétalos de margarita,
secos e inertes,
serán eternos, infinitos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario